mayo 2018 archivo

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Luz u Oscuridad

Un día me sentía abatida, llevaba una temporada sintiéndome débil emocionalmente hablando. Estaba triste, no tenía ganas de hacer nada y parecía que nada tenía sentido. Por mucho que viese las cosas buenas que tenía, era como si emocionalmente fuese incapaz de conectar con ellas. Solamente conectaba con lo negativo, con las emociones de baja frecuencia como la tristeza, angustia, rabia, ira. Pasaban cosas buenas, claro que sí, pero la desconexión emocional hacía que no quedasen registradas en mi mente y cuerpo con la misma fuerza que las cosas malas.

Me di cuenta que sentirme bien o mal no dependía de lo que sucediese a mi alrededor sino en mi interior. El pensamiento positivo sobre mí y sobre lo que me sucede o sucede a mi alrededor es mi responsabilidad. Me hago responsable de mi pensamiento. Y deseo que éste sea positivo. Esto depende de mí y de nadie más. Lo que haga con mi mente lo decido yo, lo que piense de las cosas lo decido yo, y la visión de mi mundo también la decido yo.

Puede suceder que una amiga te vea por la calle y no te salude. El pensamiento que puedes tener de esto puede ser:

a) no le caigo bien; que habré hecho que le ha molestado

b) no le caigo bien; es asunto suyo y si quiere hablarlo conmigo que me lo diga

c) tal vez no me ha visto, iría pensando en sus cosas

d) no me ha visto, algo malo le sucede, estoy segur@

e) he hecho mal, tendría que haber ido a saludarle yo

f) no me ha saludado pero yo tampoco la he saludado a ella

etc etc

Como puedes ver, un mismo hecho lo puedes interpretar de múltiples maneras y esa interpretación también hará que te sientas de una manera u otra. Es por ello por lo que insisto en la importancia del pensamiento positivo porque influirá en cómo te sientes y en cómo vives tu vida. Los hechos probablemente sean los mismos pero la manera de afrontarlos será muy diferente.

El libro que escribas de tu vida será una comedia, una novela de terror, una romántica o un drama. De tí depende, de cómo decidas vivir la vida y pensarla. Al principio del cambio el esfuerzo será mayor pero con el tiempo se creará el hábito y ya todo ese pensamiento positivo serán automáticos.

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Compartir lo aprendido

Un guerrero de la luz comparte con los demás lo que sabe del camino.

Quien ayuda, siempre es ayudado, y tiene que enseñar lo que aprendió. Por eso, él se sienta alrededor de la hoguera y cuenta cómo fue su día de lucha.

Un amigo le susurra: «¿Por qué revelas tan abiertamente tu estrategia? ¿No ves que actuando así corres el riesgo de tener que compartir tus conquistas con los otros?»

El guerrero se limita a sonreír, sin responder. Sabe que si llegara al final de la jornada a un paraíso vacío, su lucha no habría valido la pena.

Manual del Guerrero de la Luz

Paulo Coelho

Compartir lo aprendido nos hace fuertes como grupo, como sociedad. A menudo la vida nos lleva por tortuosos caminos de sufrimiento que no sabemos muy bien a donde nos llevan. Parece que la vida nos ponga a prueba y lo curioso es que salimos de éstas cambiados. Esto se debe a que nos han hecho aprender algo. Y ese aprendizaje es el que podemos compartir con los demás al terminar la jornada, para que no sea un paraíso vacío.

Revelar tu estrategia no te pone en riesgo sino que ayuda a muchas otras personas a superar momentos difíciles, a creer en que se pueden superar y seguir luchando.

Si no compartimos nuestras experiencias, tanto nosotros como los que están pasando por algo similar se sentirán solos. La soledad es una utopía porque no estamos solos; simplemente hemos aprendido a no compartir por miedo a que nos hagan daño. Nos han dicho que nos hace débiles y al silenciar nuestras emociones nos aislamos los unos de los otros.

Comparte tus experiencias, ayuda y déjate ayudar y te darás cuenta de que todos somos UNO y que no estás sol@ y todo lo podrás superar.