diciembre 2017 archivo

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Cambiar para gustar

Hoy quiero explicarte un cuento, que recuerdo, pero seguramente no sea exactamente igual que el original. Lo importante es el mensaje y espero que te guste y que te sirva para sacar tus propias conclusiones.

Había una vez, en un mundo en el que todo era posible, en el que la materia podía transformarse con facilidad. Dos seres se encontraron en un laberinto, y uno de ellos estaba locamente enamorado del otro, estaba dispuesto a todo lo que su amado le pidiese por conseguir su amor. Le pidió que se desnudase y así lo hizo, después le pidió que le entregase un pie, luego el otro, una mano, la otra y así hasta que solamente quedó una parte muy pequeña de él. Entonces el ser objeto del amor le permitió acceder a su corazón. Pero el ser que había hecho todo eso por lograr su amor, se dio cuenta que ya no era el ser que era al principio. Y de esa manera fue consciente que ese otro ser no le quería a él como el ser que era sino el ser en el que le había convertido. Y así fue como se dio cuenta que aquello no era amor. Que había dejado de ser él mismo por lograr que otro le quisiera y que ya no sabía quien era, ya no se reconocía a sí mismo.

Parece que a menudo hacemos tantas cosas por los demás que acabamos actuando como una especie de marionetas. Quien nos quiere lo hace de la manera que somos, sin intentar cambiarnos.

No confundamos esto con la convivencia y la negociación pues como seres sociales que somos a veces es normal e incluso sano hacer cosas por los demás dejándonos en segundo plano. Pero tenemos que tener claro que esa no ha de ser la tónica general de nuestra vida, pues de esa manera es posible que perdamos de vista quien somos realmente y que es lo que queremos.

Recuerda que cambiar para gustar es importante siempre y cuando sea a nosotros mismos a quien queramos gustar.

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Lo que de verdad importa

Hace unos días vi una película que pensé que era una más de las típicas películas románticas que tanto me gustan. Pero me llevé una grata sorpresa cuando vi, que además del componente romántico tenía uno aún más importante. Y es que en nuestro mundo existen los curanderos y que en cierta manera todos lo somos.

A veces el creer en algo hace que se convierta en realidad. No quiero contar mucho de la película porque creo que es importante que la veáis.

La película «Lo que de verdad importa» de Paco Arango es un canto a la esperanza, la confianza, la fe y el amor. Y muchísimo amor. La fundación, que tiene el mismo nombre, tiene por fin promover el desarrollo y la difusión de los valores humanos, éticos y morales universales al público en general fundamentalmente mediante el desarrollo de actividades culturales.

Os recomiendo ver la película y así de paso colaborar con tan magnífica iniciativa. Me gustaría que pudiésemos comentarlo entre todos.

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El Elefante Encadenado (AUTOLIMITACIONES)

Hoy quiero tratar el tema de las limitaciones personales que tenemos y que nos impiden hacer muchas cosas o que dañan nuestra autoestima. A veces creemos que algo es real porque nos lo han dicho y nos lo hemos dicho y repetido tantas veces que al final pasan a formar parte de la creencia que tenemos sobre nosotros mismos. Creemos que no podemos hacer algo y ya ni tan siquiera intentamos hacerlo. Damos por hecho que no podemos como una verdad absoluta. Quizás ahora sea el momento de intentarlo de nuevo, quizás ahora sí que tenemos las condiciones para poder hacerlo y que salga bien.

En mi podcast 4 hablo sobre este tema. Para ello explico brevemente un cuento del libro de Jorge Bucay, Déjame que te cuente. Este pequeño cuento contiene muchísima información. Yo lo explicaba al inicio de todos mis cursos cuando trabajaba de maestra en una escuela de adultos. El perfil de alumno eran mujeres de una media de 50 años que tras toda una vida trabajando en la misma empresa se habían encontrado de repente pasando a engrosar las listas del paro. Ya que «solo sabían hacer una cosa» a nivel laboral, querían formarse en otro sector con mayor demanda laboral. Lo que sucedía en las clases es que alumnas con muchas y buenas capacidades para el estudio no acababan los cursos o a mitad de ellos se mostraban agobiadas, asustadas, deprimidas. Lo que me encontré fue sorprendente: ellas mismas se autolimitaban. Consideraban que no eran buenas estudiantes, que no podrían sacarse el curso, que no podían memorizar, y sin embargo, mi visión de ellas como su profesora, era todo lo contrario. Decidí trabajar este tema pues sino no tenía sentido proseguir impartiendo las clases, ya que ellas mismas se infravaloraban hasta el punto de tirar la toalla.

Casi todas se describían a sí mismas de la manera que desde bien pequeñas les habían dicho que eran : malas estudiantes, desmemoriadas, vagas, incapaces, etc. En cambio en el tiempo presente no eran así, pero seguían describiéndose con esos adjetivos tan negativos. Estuvimos debatiendo este tema y haciendo comprobaciones en vivo a través de diversas actividades, hasta que por sí mismas vieron que esos adjetivos que usaban para definirse estaban obsoletos, no mostraban su YO real del presente.

Desde entonces antes de iniciar un curso, siempre explicaba este cuento:

Había una vez un niño que al salir del circo, vio como el elefante que mostraba tanta valentía, fuerza y poder en el escenario, se encontraba atado de una pata con una cadena sujetada a una pequeña estaca clavada en la tierra. 

El pequeño no entendía cómo ese animal tan fuerte y valiente no escapaba de ahí. A simple vista con un suave movimiento podía desligarse de lo que le encadenaba. Sin embargo, el animal permanecía inmóvil y resignado

El niño le preguntó a su padre ¿por qué no escapaba? ¿por qué no hacía algo para liberarse de sus cadenas? y el padre le explicó que seguramente de bien pequeñito ese elefante había intentado escapar de esas mismas cadenas sin obtener el resultado deseado. Con el tiempo el animal habría aprendido que atado a esa estaca y con esa cadena eran imposible escapar, y había dejado de intentarlo.

Así es como muchas veces consideramos que no podemos hacer algo, y es porque alguna o algunas veces no pudimos, pero vuelve a intentarlo cuando tengas otros aprendizajes, actitudes, en otro momento y quizás compruebes que sí que puedes; únicamente en otro momento no fuiste capaz. No te autolimites para siempre.